Temática, nuevos coleccionistas y sistema de reglas

Artículo de ©Luis Fernando Díaz
¿Cómo emerge hoy el pequeño coleccionista? ¿De dónde surge la motivación para que un joven, en el mundo del Nintendo y la comunicación digital, se convierta en filatelista?
Terribles las preguntas y ominosa la respuesta: ya no hay estímulo.
No hace muchos años, en las oficinas y en los hogares, se veían cartas que venían de todo el mundo; había más, muchas más oficinas de correos de las que hay hoy, y la gente usaba estampillas engomadas para pagar el porte de sus cartas. ¡La gente escribía cartas! En las escuelas se estimulaba el coleccionismo: los maestros invitaban a sus alumnos a buscar los sellos que ilustraban las tareas de geografía y de ciencias naturales con imágenes exóticas provenientes de las más diversas latitudes.
En aquel tiempo, convertirse en coleccionista de sellos de “todo el mundo” era una tentadora posibilidad que derivaba, casi naturalmente en la especialización, ya por países, ya por zonas o fenómenos políticos (como UPAEP o la Unión Europea), y, por supuesto, con base en el diseño o motivo de la ilustración.
El descubrimiento del coleccionismo temático se dio entonces en una doble vertiente. Por un lado, había estímulos coincidentes sobre las decisiones del joven aficionado, y a los usos escolares se suman las justificaciones sicológicas de la retribución lograda con el atesoramiento tanto como el desarrollo de valores estéticos. Y por el otro, surgió el olfato entrenado de las autoridades fiscales (y de los promotores, incluyendo algunos especuladores) para explotar un filón en la venta de series de sellos con temas como aves, mariposas, boy scouts y deportes, entre otros, llenas de color, sugestivas, convincentes.
Esa envolvente red funcionó muy bien durante unos treinta años (tal vez algo menos). Y filatelistas de todas partes empezaron a guardar y a mostrar páginas más o menos elaboradas de sellos postales clasificados por el “tópico” (sic) o ilustración principal.
Paralelamente, otros coleccionistas –no precisamente los más novatos– se interesaban en guardar las estampillas y otros objetos postales con base en criterios similares pero que trascendían el mundo del diseño, el motivo o el dibujo (estampita). Estos recopilaban materiales que lo que tenían en común era el tema, algo no necesariamente visible, la historia, el guion, el argumento, la trama.
En cualquiera de esas formas, la muestra filatélica es siempre la parte ostensible de una decisión personal. La colección es lo que el coleccionista quiere, la expresión estética de sus deseos y sus medios. Es decir, no existen autoridades externas con validez general que puedan imponer al aficionado una serie irrenunciable de reglas sobre cómo coleccionar. Cada quien atesora y cuida lo que le gusta y como le gusta, en álbumes, en empaques especiales, acompañado con textos y otras ilustraciones, etcétera.
Pero, cuando se colecciona con la intención de exhibir, especialmente si se intenta participar en una exposición competitiva, el filatelista deberá adherir a una estructura preceptiva mínima. El conjunto de normas adoptado por los países que son miembros de la Federación Internacional de Filatelia es presidido por el Reglamento General para Exposiciones (GREX) y los Reglamentos Especiales para la Evaluación de Colecciones (SREV), uno para cada una de las clases de coleccionismo y competencia establecidas (v.gr. Aerofilatelia, Historia Postal, Filatelia Temática).
En el proceso de decisión individual que pasa por contemplar la posibilidad de convertirse en coleccionista y, de inmediato, encontrar y optar por un objeto de su agrado, a los nuevos aficionados se les recomienda, con frecuencia, alguna de estas opciones:
  1. Busque una emisión uninominal o variedad sencilla y recurrente de un sello y prepare una exhibición de un cuadro (16 hojas). Nada complicado, nada difícil, tampoco muy barato si quiere hacerlo seriamente. Ejemplos conocidos son: “The inverted Jenny”, “El timbre de archivo sobrecargado” de Costa Rica o las variedades de impresión del 2 rigsbank skilling azul de Dinamarca de 1851.
  2. Identifique un diseño o motivo que le atraiga y adquiera todos los sellos que lo muestren. Aquí el límite es la profundidad. Por ejemplo, aves: aves de presa, aves de corral, pájaros exóticos del Pacífico, hay que escoger. Y luego, si decidimos aves de presa, entonces águilas, halcones o búhos. Y así sucesivamente. Pero subsiste todavía el reto de la trivialidad: ¿los tengo todos? O ¿cómo los clasifico –la recurrente taxonomía–? Y esto afecta sin duda campos tan reconocidos y premiados como “puentes”, “ópera” o “bicicletas”.
  3. Escoja un tema. Vamos a ver esta alternativa con un grado adicional de detalle.
De hecho, la elección del tema se presume la decisión crucial en una colección temática. El juzgamiento público analiza y otorga puntaje a la concordancia y a la integralidad. Tema, título, plan y desarrollo van de la mano, se condicionan entre sí. Y, aunque los jueces procuran evitar la doble penalización, de vez en cuando es inevitable que tal interdependencia obligue a llamar la atención sobre una misma deficiencia en varios criterios evaluativos.
Los temas de hoy trascienden los nombres sencillos. Áreas generales, como “Medicina” o “Flora tropical” se vuelven inmanejables. Debe haber riqueza, innovación y espontaneidad. Temas como, por ejemplo, “Invención o descubrimiento de la vacuna contra el cáncer (o la viruela)”, o “Propagación de plantas y flores comestibles entre continentes”, son nombres alternativos que van más allá de las acumulaciones de sellos con efigies de médicos o fotografías de orquídeas, por más hermosas que sean.
Más que “Bicicletas”, “El Tour de France y su impacto en la sociedad”. Más que “Aves de Presa” o “Halcones”, “La cetrería” o “Las aves en la caza y el deporte”.
Se ha dicho que el único límite a la elección de un tema es la imaginación. Pero demasiada creatividad es peligrosa; los verdaderos límites son la viabilidad y la verosimilitud. A veces saber mucho de la materia ayuda, por ejemplo, un ingeniero mexicano, amigo nuestro, es dueño de una premiada colección de puentes y un destacado médico portugués posee una preciosa colección sobre salud pública.
Sin embargo, frecuentemente se trata de nociones generales y públicas, fáciles de dominar con disciplina y dedicación (y un buen manejo de la enciclopedia o los buscadores en Internet). De manera que el conocimiento previo no es un indicador tan crítico en la selección del tema. Ni tampoco en la preparación del plan.
Ahora bien, hay que reconocer que cierta información propia de jergas especializadas (incluso lenguas visuales y gráficas) puede plantear problemas o ampliar la competencia en cuanto a la selección del material. El saber fino ayuda mucho en las búsquedas laterales (ver imagen de abajo). Conviene acumular tantos datos acerca del objeto como sea posible, de esa manera será más fácil encontrar el material filatélico relevante que puede enriquecer su tema.
Fragmento: Hoja colección Del Glamour al Ostracismo – una historia del Tabaco.
La caja de la referencia temática es el micromotivo a la izquierda del sello.
Habiendo escogido tema y nombre, el siguiente paso es la organización de la colección con base en la historia propuesta. Debe establecerse este propósito muy temprano, en una especie de introducción, o a manera de una obra musical, en una obertura. Debe distribuirse el desarrollo manteniendo el balance entre capítulos y conviene cerrar con una conclusión en la que, el nivel y el material expuesto es clave, en especial en la última o dos últimas páginas.
El plan, que es parte de lo que se incluye cerca de la portada, puede construirse como una especie de índice. No debe ser muy detallado, pero debe ser suficiente para guiar por entre las secciones claves del guion. Una preferencia personal mía es incluir junto a cada subtítulo una breve explicación de lo que se pretende con él, la finalidad específica de cada sección. En alguna colección (“Hábitos de las aves de presa” de Malui Díaz, ilustración de abajo) he visto como esta estrategia fortalece la coherencia.
Fragmento: Hoja colección de Malui Díaz en categoría juvenil
(IV Exposición Hispano Costarricense, 2003, Chiclana de la Frontera, Cádiz).
Lo que sigue es el asunto del material. Una colección de filatelia temática no es una colección de sellos; hoy debe estudiar y alojar todo tipo de material postal: matasellos; franqueos mecánicos y otras formas de porteo, automático, provisional, etcétera; sobres comerciales, enteros postales, tarjetas máximas. Deben incluirse variedades de impresión, de color y de perforación, así como pruebas de diversas etapas del proceso. Hay también materiales raros, escasos y caros, como los airgraph, las tarjetas italianas BLP y las francesas con petites annonces. Y también materiales limítrofes, pero tolerados. La búsqueda de material siempre es un reto, en los países centroamericanos la utilidad de los materiales postales para las colecciones temáticas es limitada, por eso hay que aprovechar las visitas a exposiciones, hay que revisar las cajas de sobres de los comerciantes y hay que darle seguimiento a lo que se anuncia en las subastas en Internet.
La selección de la calidad de los materiales es importante. Se pueden poner sellos usados y nuevos, pero no conviene mezclarlos en la misma página. Los sobres tienen que estar limpios, sin arrugas ni roturas, salvo casos de rareza excepcional. Las marcas y matasellos deben ser nítidas y con márgenes amplios. La variedad del material utilizado debe reflejar las reglas que dicen poner de todo por todo lado y dejar que las piezas hablen por sí mismas. 
Aprender a exhibir; exhibir la primera vez. Esos son retos claves. Escoger el papel y escoger las fundas, decidir las tipografías y los tamaños de las leyendas. A veces se piensa que todo eso se califica solo como presentación y con un bajo puntaje. Pero lo definitivo es que una buena presentación propicia un buen ambiente por parte de los jueces y las audiencias.
Siempre es recomendable usar papel blanco o muy claro, con las leyendas en negro y empleando una impresora de buena calidad. Vale la pena observar aquí que las leyendas deben ser discretas, muy claras, con la información esencial. Una colección temática no es un artículo ni una tesis. Es obvio que el jurado no se precipita a usar la mano fuerte, al contrario, siempre hay una buena disposición a orientar a los expositores novatos. Discutir con franqueza la colección en este nivel, con colegas, con comerciantes y con los jueces ayudará a lograr medallas superiores en siguientes competencias.

3 comentarios:

Paco Piniella dijo...

Yo soy profundamente pesimista con el futuro de la filatelia, cada vez hay menos jóvenes, menos nuevos participantes en exposiciones filatélicas FIP, y la lista de noticias de las revisas filatélicas suelen ser necrológicas. Las juntas directivas de las federaciones suelen tener una media de 70 años, en algunos casos incluso más. Pero también es verdad que luego ves que las casas de subastas lo suelen vender casi todo, que hay mucha gente como oculta que compra pero no expone, no se si como especulación o como simples coleccionistas individuales. No se. También es verdad que Asia está pujante y hay muchos comerciantes que venden allí lo que antes hacían en Europa o América. Ya veremos en los próximos años. No decaigamos al menos en su promoción.

Washington Herrera dijo...

Paco:
estoy de acuerdo contigo. La evolución de la vida nuestra hacia la tecnología, va minando el esfuerzo y el coraje de nuevos filatelistas. Como se lee en este artículo, ya no encontramos en nuestras casas, las cajas de zapatos llenas de cartas familiares o de amigos, que traían sus estampillas y eran un acicate a nuestra mente para coleccionarlos.
Quien no ha coleccionado sellos como si fueran figuritas siendo niño.
Yo me impondría un reto, tengo una colección sobre culturas precolombinas armada en 1993 y a la que debo aggiornar, según el reglamento actual.
Estoy armando una nueva sobre el pensamiento filosófico de José Artigas, reflejado en sus cartas y sus frases. También espera una colección sobre la camiseta celeste en fútbol, como verás todo me sindica como uruguayo.
Mi reto sería buscar interesar a alguien más joven, familiar o amigo que herede mi colección o colecciones y las continúe, en vez de que nuestras viudas o familiares las hereden y las terminen llevando a los comerciantes para vendérselas.
No tengo descendencia directa, por tanto tendré que buscar tutores que las continúen o de última, donarlas a instituciones afines al tema, Museo de Artigas, Museo del Fútbol, o Museo de Arte Precolombino. Ese es mi dilema.
Un abrazo

El Tío Pérez dijo...

Estimados, primero que nada quería agradecer a Luis Fernando por ocuparse de este tema, considero que no todo está perdido, los niños y jóvenes son muy receptivos a coleccionar todo tipos de objetos, solo hay que acompañarlos, incentivarlos y conseguirles un “sponsor” para que puedan adquirir el material (los padres, abuelos, otros parientes, otros filatelistas… etc.) ya que de por si ello no tienen el dinero para comprar el material. Los clubes tienen que tener algún socio que se encargue de asistir a los niños y jóvenes, tratar de generar un grupo de juveniles de edades similares, para que con la “excusa” de ir a reunión de filatelia, también ven a sus amigos, también hay que incentivar a los jóvenes obsequiándoles material filatélico y tratar que armen algunas hojas y que las expongan en muestras en su localidad, y más adelante en exposiciones competitivas, esto genera en el joven un reconocimiento que sirve para afianzar su compromiso con este hobby.
Organizaciones juveniles como los Scouts son buenas para hacer charlas, y talleres, en Argentina tenemos buenos resultados, otra alternativa son los clubes escolares, en Brasil, Cuba y Colombia trabajan bastante esta área y tienen varios juveniles participando en exposiciones.
La otra es lo que comento Washington, buscar en la familia e incentivar algún “heredero” de nuestro Hobby.
Les mando un fuerte abrazo

Christian Gabriel Pérez
JUVENTUD FAEF/FIAF