El uso correcto del idioma como parte de la evaluación en las colecciones temáticas

Artículo de ©Marcela Díaz-Cabal
Un apartado que se evalúa en las exhibiciones de colecciones filatélicas temáticas  a nivel competitivo, es la presentación y aunque solo aporta 5 puntos al total de la calificación, el que la colección vaya sin errores ortográficos o de sintaxis debería ser considerado como parte de lo que se espera en por lo menos aquellas de cierto nivel. No cuidar ese aspecto y solamente considerar la parte estética, externa, de la disposición de las piezas y de los textos,  es o debería ser, a mi juicio, inadmisible en colecciones que aspiran de un Vermeil hacia arriba. Sin embargo, no pareciera que los jurados presten mucha atención al buen uso del idioma en las exposiciones competitivas. Naturalmente, a todos se nos escapa ocasionalmente un gazapo, pero con la tecnología a nuestra disposición, ¿cómo justificar la cantidad de errores que muchas veces encontramos en las colecciones exhibidas? ¿Qué diferencia hace escribir incorrectamente el idioma elegido o ser desaliñado a la hora de montar una colección que, además de competir con otras, será vista por un público dispuesto a admirarla?
Una de las maneras que tenemos de ir "afinando" el conocimiento y aprendizaje de ese engranaje de relojería que supone montar una colección filatélica temática es precisamente a través de la observación de buenos modelos. Sin embargo, debo admitir que, al menos a  mí, me desanima estar frente a una colección por excelente que sea cuando le presto más atención a los errores de ortografía, puntuación o sintaxis que al desarrollo de su plan, a los conocimientos desplegados o a la rareza de sus piezas. Mi reacción instintiva es que ese coleccionista no le da la suficiente importancia a su propia obra. Y si no le damos el justo valor al producto de nuestra investigación, de nuestro conocimiento, del empeño, el tiempo y los dineros invertidos, ¿cómo esperar que otros se lo den?
Parte de un problema generalizado en esta época en que nos ha tocado vivir es la poca importancia que jóvenes, adultos, incluso viejos, le dan al buen uso del idioma, sobre todo en las redes sociales. Lo cual ya es pernicioso e improcedente aludir a la inmediatez de la comunicación. Pero que también en nuestros textos escritos seamos descuidados, es injustificable precisamente porque para utilizar las formas correctas contamos con herramientas accesibles en cualquier momento, en cualquier lugar: basta un clic de un celular, una tableta o una computadora para acceder a las ayudas.
Si la filatelia es una herramienta poderosa en el campo de la cultura y la educación, debemos  practicar el uso correcto del idioma precisamente porque como expositores somos modelos para los que vienen detrás. Y los jurados lo deben considerar así a la hora de evaluar.
Dicen que el amor entra por los ojos. Estoy de acuerdo... a medias. También se enamora uno de la capacidad y de la inteligencia. Del buen "hacer" y no solo del buen "ver".  La primera vez que estuve frente a una colección en hojas A3 me enamoré de ella sin tener su tema nada que ver con mis predilecciones. Me la mostró mi amigo Edward por internet. Nunca la llegué a ver en la realidad, pero aún recuerdo su nombre: "Faros: Una luz en el horizonte". ¡Preciosa! Quedé deslumbrada aún sin saber gran cosa de filatelia temática ni estudiar sus piezas ni saber siquiera quién era su autor, pero recuerdo que me dije a mí misma: "Algún día me gustaría tener una colección así." Más tarde supe que era la obra de un arquitecto uruguayo, Miguel García Lescano. Su colección fue mi primer amor filatélico... digamos...serio. Su logro: despertar en mí un deseo de emularlo en ese vínculo especial entre fondo y forma que hacía fluir de manera natural y ordenada una historia contada a través de sellos: la filatelia temática como diseño perfecto entre imagen y palabra.
Con los años, he logrado armar mi propia colección de 5 marcos. Decorosa creo yo, aunque muy distante, por supuesto,  de la elegancia y la madurez de aquella de los faros; pero siempre con ella en el recuerdo como un modelo inspirador. En el camino se han sumado otras colecciones también excelentes, a las que admiro y trato de aprender de ellas. Ya no me sorprende tanto que temas tan alejados del mío me puedan interesar: puentes, los viajes de Colón, el desarrollo de un imperio, la vida de un león, aves de regiones que nunca conoceré, las enfermeras, la "nada", Beethoven... sólo por mencionar unos cuantos. Porque todas esas colecciones tienen un importante común denominador que me siguen estimulando: la delicada armonía entre fondo y forma. Y en esa " forma" la corrección  lingüística es fundamental. No podemos olvidarlo.

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