Artículo ©J. González-Herrera
Uno de los mayores protagonistas del actual tráfico postal, o sea, de lo que realmente circula entre las oficinas postales sin relación con los aficionados filatélicos, son las cartas que presentan la marca (signo de franqueo) de “franqueo pagado”. Dicho correo, muy voluminoso, es masivamente generado por instituciones públicas y por grandes empresas, sobre todo entidades bancarias y otras empresas privadas mercantiles. Este sistema de franqueo, aunque les parezca a muchos aficionados menos estético que otros, es una importante realidad a la que no puede dar la espalda la afición filatélica. Ciertamente, razones como su gran volumen o su modesto y poco atractivo aspecto, hacen que las cartas con estas marcas sean las más veces despreciadas por los filatelistas. Y, por supuesto, su pretendida “modernidad” tampoco colabora mucho a su buena consideración. Con todo, son piezas postales susceptibles de ser incluidas en una colección filatélica con plena legitimidad. En este artículo intentaremos dar argumentos en su apoyo.

Dos ejemplos con muchas posibilidades temáticas