El Correo siempre a favor del damnificado

Artículo de © José Ivars Ivars

El Terremoto de San Francisco de 1906 

En la historia, la humanidad ha tenido que sufrir catástrofe tras catástrofe. Desde lo más remoto de la antigüedad, hemos tenido constancia de desastres, naturales o no naturales, que han afectado al día a día de la gente. Y en aquellos tiempos en los que la comunicación, siendo tan importante como lo es hoy en día, era servida principalmente por correo, este ha demostrado que sabido estar al lado de quién lo ha necesitado.

Correo de Emergencia. Carta enviada desde San Francisco el día 24 de abril de 1906,
sin sellos y puestos estos a su llegada a Washington D.C.
(Fuente National Postal Museum).

Un ejemplo de ello lo tenemos en el dantesco terremoto que sufrió la ciudad californiana de San Francisco el 18 de abril de 1906. No siendo este el único que esta ciudad ha sufrido, si fue especial por el trato que con los damnificados tuvo el correo americano. Era de madrugada en la costa americana del pacífico, cuando la tierra tembló con tal virulencia que todo se vino abajo. A las inmensas sacudidas que daba la tierra y con ellos el derrumbe de muchos edificios, se les añadió la rotura de las tuberías de gas que ocasionaron una gran cantidad de incendios.

Tras el caos, los servicios postales trataron de volver a la normalidad de inmediato, y a pesar de que el edificio de Correos de la ciudad, inaugurado un año antes, se salvó de las llamas, los carteros improvisaron diversos lugares de la ciudad para prestar un servicio al ciudadano, y que estos pudieran recoger y enviar el correo.
Uno de los acuerdos postales que se tomaron tras el devastador terremoto fue el de facilitar a los damnificados el poder contactar, vía postal, con sus familiares residentes fuera de la ciudad, y ante la falta de papel para que estos escribiesen sus misivas avisando de que se encontraban bien, la Administración de Correos Norteamericana permitió “…que se utilizase cualquier soporte para escribir las cartas…”, siempre y cuando fuese de pequeño tamaño y permitiese escribir algunas palabras a la vez que cupiese la dirección de envío, y se pudiese además matasellar. Hay que añadir a todo esto, que una norma no escrita facilitó a los damnificados el poder remitir las cartas sin sello, pero teniendo que ser abonada la tarifa correspondiente por el remitente. ¡Exactamente como cuando antes de la invención del sello se envía una carta! Este “beneficio postal” solo fue permitido entre particulares, y muchas empresas que se quisieron aprovechar de la situación, vieron sus envíos tasados por falta de sellos.

Tarjeta Postal que muestra como quedó el Edificio de Correos de San Francisco
tras el terremoto. Fue de los pocos edificios que quedó en pie.

San Francisco, 29 de abril de 1906, cancelación de máquina sobre una tarjeta de postal
oficial creada localmente, generada por la oficina de correos para responder
a las consultas sobre miembros de la familia afectados por el terremoto.

Carta circulada desde San Francisco, en la fecha del 18 de abril de 1906,
con indicación de la hora, 5 A.M., en que se matasella,
justo cuando el terremoto estaba a punto de producirse.
(Imagen Archivo Ifac Filatélico. Procedencia desconocida)

La prensa de la época nos habla que fueron muchas las formas de escritura que usó la gente. Desde pañuelos de papel, pequeños trozos de tela, tablillas de madera, etc. Muchas de estas curiosas y asombrosas cartas, hoy forman parte del National Postal Museum, y de algunas colecciones que se precien de tenerlas.
Filatélicamente, y temáticamente nos puede interesar saber que, como medida de emergencia se aceptó el correo sin sellos, como ya he apuntado, hasta que la venta de sellos fuera posible en la Oficina Principal de Correos de San Francisco, y eso fue a partir del día 25 de abril de 1906. Estas cartas sin sellos circularon únicamente con un matasellos, mecánico o manual, donde a su llegada a la oficina receptora de la correspondencia, se le estampaban los sellos correspondientes que debía pagar el receptor de la misiva.
Por aquel entonces, el Director de Correos de San Francisco era Arthur G. Fisk, el cual ante la masiva llegada de correo sin franqueo (sellos) que recibieron desde ese fatídico día del 18 de abril de 1906 y sucesivos, informó a sus superiores que “…optó, por humanidad, a dar curso a la correspondencia…”, y lo hizo únicamente con los particulares, dando además instrucciones de que se publicase en la prensa de la ciudad para conocimiento de los ciudadanos damnificados. La venta de sellos en la Oficina Principal de Correos de San Francisco se reanudó tan solo una semana después de la catástrofe, y el correo estuvo a la altura. Por la correspondencia cotejada, hace pensar que esto se aplicó además a otras poblaciones afectadas por el seísmo.
La prensa española, tal vez como curiosidad, comentaron la noticia “filatélica”. Al menos aquellos rotativos que por entonces tenían alguna que otra sección dedicada al coleccionismo de sellos, o en la ciudad donde se editaba había tradición filatélica. Caso fue en el periódico LAS PROVINCIAS de Valencia, quién en su edición de fecha 10 de mayo de 1906, titulaban como “La Filatelia y el Terremoto de San Francisco”, y destacaban que pocos días después del terremoto, ya hubo filatelistas que buscaban como paño en oro, esas cartas enviadas durante los 10 días en los que el correo americano estuvo al lado de los damnificados.

1 comentario:

Anónimo dijo...

👌